lunes, octubre 22, 2007

Una Aventura Americana - Cap 3 La ciudad que nunca duerme

Escrito por Colman.


Por los rigores del “Jet lag” amanecimos realmente temprano aquel sabado 28 de agosto, y a eso de las ocho y media de la mañana, guiados por Ramón Broza, nos dispusimos a patear las calles de NYC.
A tan temprana hora, la actividad del barrio de Williamsburg en Brooklyn era notable, los típicos “joggers” que iban a lo suyo, pero sobre todo gente de aspecto extraño con pinta de tener problemas de insomnio. La primera parada fue un típico “Bagel house”, donde catamos estos roscos de origen judío, rellenos de “cream cheese” y cosas por el estilo. Afortunadamente contábamos con el asesoramiento de Ramón Broza en la elección, porque nuestra indecisión estaba irritando sensiblemente al dependiente, que estaba ya estresado a las 9 de la mañana...cosas de Nueva York.
Hoy era el día para demostrar el poder del €uro, así que nos metimos en el metro, cogimos la línea L, y nos dirigimos a la Gran Manzana, con la sana intencion de darle brillo a nuestras tarjetas de crédito. La primera parada fue la parte alta de Central Park, que recorrimos arriba y abajo, hasta encontrar el edificio Dakota donde nos hicimos la foto de rigor.
El principal objetivo del día era asaltar las tiendas de NYC, sobre todo las de música. Antes hicimos una parada en la “NBA store” de la quinta avenida, una gigantesca tienda donde hay absolutamente todo tipo de merchandising y camisetas, incluso la del Barça (que asco). Allí hice acopio de camisetas varias, para servidor y otros aficionados al basket que me habían hecho pedidos específicos y detallados.
Un poco más abajo de la NBA store, está la calle 48, la calle de la música, donde están “Manny´s”, “Sam Ash” y “Matt Umanov”. Pablo Heras, el bateras, andaba buscando una caja, pero la oferta de estas tiendas consistía principalmente en fabulosas guitarras y bajos, de primera y segunda mano, a precios en algunos casos estratosféricos. Eso sí las fotos firmadas en Manny´s de Kiss, Rolling Stones y otras leyendas eran muy chulas.






En busca de la caja perdida, continuamos recorriendo el corazón de la gran manzana hasta la calle 14 donde está el Guitar Center, una enorme tienda, donde tras probar varias cajas –y tras el oportuno regateo- Pablo compró una magnífica caja dw, que acabaría sonando, y muy bien, en la grabación del disco. También, como no podría ser menos, Chema y yo compramos diversos artilugios, como afinadores, cuerdas y púas.
Tras comprar los pantalones vaqueros de turno -y no quiero hacer publicidad de marcas- nos dirigimos como última parada al glorioso puente de Brooklyn, una visita imprescindible, por muchas veces que hayas estado en NYC y por muchos miles de turistas que te rodeen
Era tiempo de dirigirnos al apartamento, descansar y reponer fuerzas para lo que se nos avecinaba.
Si por algo es famosa la ciudad de Nueva York, es por su vida nocturna, no la llaman “la ciudad que nunca duerme” por casualidad. Cuando cae la noche las calles se convierten en un hervidero de neoyorquinos, turistas, carteristas y en gentes de mal vivir. Nuestro primer destino fue un restaurante italiano “muy finolis”, donde empezamos a ventilarnos cervezas como si el mundo se acabase esa noche, y donde afortunadamente esa noche ningún mafioso fue acribillado a balazos.
Tras cenar, era el momento de encontrarse con Ramon Broza, y comprobar si era cierto que nos encontraríamos con un harén a nuestra disposición. El lugar elegido fue un pub irlandés modernizado llamado “Solas”, cerca de St Mark´s Place. Al llegar nos encontramos con unas srtas. americanas altamente marchosas, bastante borrachuzas y muy aficionadas al “baile prohibido”, que en honor a la verdad practicaron sobre todo con Ramón Broza. La noche degeneró en un borracherismo notable. Los desconocidos se convertian en amigos de toda la vida en tres minutos, no había barreras lingüisticas y las fotos en poses cada vez más aberrantes se sucedían. El bar cerró a las cuatro, pero como ya éramos como de la familia, continuamos atizándonos con alegría lo que fuese con quien fuese, hasta que Ramón Broza, visiblemente perjudicado nos propuso retirarnos.
Cogimos el primer taxi que pudimos, desde el que Ramón Broza obsequió a la ciudad con una papilla de primera. Al bajarnos, borrachos como estábamos, nos dedicamos a chillar y a echarnos cerveza, hasta que en plena fiesta apareció una coche de la poli que nos preguntó si habíamos oído los disparos.
Casi amanecía y era el momento de dormir y esperar a que llegase la resaca.



4 comentarios:

Anónimo dijo...

Agradezco publicamente a Mr colman la camiseta que me trajo de nueva york... de lo que no sabia nada era de su emporio alimenticio a la altura del mejor paul newman. Colman el salsas, podia ser un nuevo mote para el creyente

Borrachuzo de lunes, o sea, de resaca

Escrigna dijo...

Creo que últimamente esta trabajando en un nuevo proyecto de Cerceza Personalizada de alta graduación.

Anónimo dijo...

Cerceza personalizada??? No se que es, pero si colman¨s mustard lo recomienda, yo pico


Borrachin con algo de mostaza, pero tranquilas chicas....no pica

Anónimo dijo...

Sois la pera, viva la madre que os pario Luciernaga