viernes, diciembre 23, 2005

El primer contrato discográfico - Un bonito cuento de Navidad (Por Colman)

(¡Pero que se va a esperar de unos tipos así!)

El contrato discográfico es lo que todo artista busca desesperadamente y que una vez conseguido distingue a los que antes eran tus iguales - “los maqueteros” – del nuevo club en el que has ingresado –que en plan pedante – podríamos calificar como “Recording artists”. Una vez lo tienes y tu carrera se “lanza”, ya puedes elucubrar y comentar con tus colegas los planes de dominio mundial, nacional, regional - y en el peor de los casos comarcal - que tú y tu compañía tenéis.

Buscar contrato discográfico se parece a buscar novia y ya se sabe que las mujeres son todas muy malas, con lo cual encontrar una buena novia puede resultar difícil. Pero el “optimismo antropológico” es una cualidad de la que no sólo puede presumir nuestro presidente, también el artista primerizo la atesora en grandes cantidades.

Insanity Wave fue a dar con La Fábrica Magnética, una compañía independiente de cierto tamaño en la época, dirigida por el sinpar Servando Carballar. Fue Servando el que nos hizo entrega del contrato discográfico, que hojeamos sin comprender demasiado su contenido. Aún recuerdo sus palabras:”este contrato no tiene importancia, es para cuando las cosas vayan mal”, como pudieron comprobar los Del-tonos que habían firmado con La Fábrica por diez años y un buen día decidieron marcharse por las buenas….lo que desencadenó en una cruenta batalla judicial.

Tocaba pues, acudir a amigos o familiares abogados para descifrar el contenido de aquel contrato. Como los especialistas en la materia no abundaban ni teníamos dinero para pagárnoslos, recibimos un asesoramiento basado en el sentido común: el contrato era malo, pero quien eramos nosotros para exigir algo. Así que sin conocer el alcance preciso del contrato – a salvo del royalty que “cobraríamos” (años después descubriríamos que las compañías independientes simplemente no pagan royalties) – decidimos firmar aquél contrato, como habríamos firmado nuestra sentencia de muerte si eso nos hubiese permitido sacar un disco a la calle.

Las relaciones con nuestra compañía discográfica no pudieron empezar peor. El día esperado, el día en que estamparíamos nuestra firma en el contrato en las oficinas de La Fábrica, ese día al aparecer por la compañía descubrimos…que a Servando se le había olvidado y se había ido a Sevilla. Eso debió servirnos de advertencia, sobre lo que nos esperaba, pero después de hacernos los remolones para escarmentar a Servando, ansiosos como estábamos, finalmente firmamos los contratos y poco después se grabó el primer e.p.
Los avatares del destino hicieron que años más tarde todos trabajáramos en la industria musical, yo como abogado especializado en Propiedad Intelectual, Chema como director general de una compañía de discos y Juan como vicejefazo de una editorial musical. Pero como no existe la maquina del tiempo, pues firmamos lo que firmamos….

5 comentarios:

Escrigna dijo...

La segunda parte sería la rescisión de ese contrato discográfico que vino a ser de la siguiente forma.
La compañía estaba en quiebra absoluta y nuestro álbum “Go-Off” que acababa de salir a la calle se vio seriamente perjudicado a todos los niveles. Por tanto decidimos hablar con Servando, en un cara a cara bastante tenso, en el cual nos expreso su intención de que siguiéramos atados a él. Después de varios improperios y de una salida en estampida de sus oficinas (portazo incluido), decidimos acribillarle a llamadas, con el objeto de tocarle la “fibra” (Que no los cojones) y conseguir la terminación de un contrato que quiero recordar de una duración casi ilimitada...
Después de varias conversaciones telefónicas, viendo el sinpar dueño de La Fábrica Magnética que con Insanity Wave no olía dinero alguno. Se decidió sitio y hora para rescindir de mutuo acuerdo el contrato. Sería en un bar en la calle Galileo, un sábado a las 11h.
Con la alegría juvenil que nos suele embargar, decidimos celebrarlo el día anterior a la rescisión el tema. Por lo cual Colman y yo hicimos parada y fonda en todos los garitos de Malasaña, dejando los suministros de los bares bajo mínimos. Finalmente acabamos en el “Maravillas” (sala de moda del momento) a una hora intempestiva, lanzando (¡sí, lanzando!) a una tía por encima de una masa de gente, hacia la barra para que pudiera pedir una copa. Os podéis imaginar como llegamos a casa.
El tema es que a la mañana siguiente, me despertaron con una urgencia inusitada, comentándome que me llamaba Juan. Miro el reloj y ¡eran las 12h! A toda prisa enfilé para el bar donde habíamos quedado con Servando, que sorprendentemente ¡encaminó la conversación hacía una posible marcha atrás en su decisión de finalizar el contrato! Nosotros, que con el machaque que llevábamos encima, no podíamos articular nada coherente, solo nos dedicamos a mirarle con cara enfermiza (Resaca al cuadrado) y no abrir la boca. Después de unos silencios interminables que cortaban la respiración, rellenados por unas toses tabaqueras de Colman, Servando accedió a firmar el documento. Y ese el comienzo de una nueva historia...

Anónimo dijo...

Si está claro que en lanzamiento de enanos si que habríamos hecho carrera. Colman

Luciernaga dijo...

Es un buen cuento de Navidad.

Las mujeres malas no son más malas que los hombres malos

Habeis llegado muy lejos

Anónimo dijo...

Espero el segundo capítulo y otros más, huelo que se puede ir enlazando un artículo con otro para acabar en una imprenta y sacar un libro con todos los pormenores de la carrera musical hasta el momento de I.W. El título ya se os ocurrirá. El blog engancha...

Hans dijo...

Estimado Chema, desconocido pero admirado Colman: en casa del herrero cuchara de palo. Pa' qué vamos a hablar...
En el fondo lo de quedarse de maquetero (es más, de puto maquetero) tiene sus ventajas. Si encima la maqueta era grabada en un ocho pistas ya ni te cuento :-D.
P.S.: No sabía que Mr. Carballar fuese tan perrucio, considerando sus teóricamente revolucionarios orígenes, jurljurljurl...